sábado, 26 de septiembre de 2015

A P

Lacera tu recuerdo mi congoja.

El silencio, que rompen las hojas
Cuando el viento discurre entre ellas,
Invoca y reafirma en mi tus huellas.

De tiempo ha carecido mi alma errante
Para sentir una vez soledad.
A pesar de la lejanía extenuante,
Me sigue acompañando tu bondad.

Acógeme de nuevo entre tus manos
Y entibia mis mejillas con tus besos.
Lágrimas muestran mis ojos
Que te gritan que te quiero

Gracias, mi vida, porque vida fui
Cuando la decidiste compartir.
Tu sangre, tu dolor, tu amor, tus penas;
agradeceré hasta que muera.

martes, 22 de septiembre de 2015

ESPERA

Está esperando.

Siempre dice que ya fue suficiente. 
Le escuchas y llora, implora al altísimo que ya termine su sufrimiento.
Y si le ves con calma quizá podrías unirte a su plegaria, por sus movimientos cansinos, por la vista dañada, porque sus piernas son tan delgadas y sus rodillas débiles apenas pueden soportarle.
La vida pasó pronto, los hijos fueron muchos, el trabajo pesado, las fuerzas mermaron; la pena mayor fue la muerte prematura de un fruto de su vientre. Las ilusiones fueron más grandes que el amor y no tiene compañía, hace mucho que no tiene una pareja. 
Y espera.
Ha salido a tomar el sol y a su lado empieza de pronto un alboroto a romper el silencio de recuerdos que encierra; el bullicio de voces de infantes se hace cada vez más fuerte y las risas, las carreras, las carcajadas ahora le hacen abrir un poco más los ojos y las arrugas en su rostro se acomodan para mostrar una sonrisa ante la vida que le guiña un ojo a través de su sangre ruidosa, nueva.
Ahora alguien se acerca y le ofrece un dulce que rechaza, pero pide que le dejen cerca. Cuando nadie le ve lo toma, solo un pedacito, y lo prueba. El resto lo devora.
La buena muerte no llega, no es su tiempo, aún no recibe el encargo de parar por aquí y poner fin a la espera. Y me han contado que algo de vida no ha matado a nadie. 


miércoles, 18 de agosto de 2010

Rápido

Pasó la liebre por la meta a tal velocidad que no pudo a disfrutar el festejo, y la tortuga recibió los vítores y la lluvia de confetis.

domingo, 15 de agosto de 2010

Extraño, muy extraño.

Pasé en la tarde frente a la panadería, te vi con la charola de compra en la mano y en ella estaba un biscocho de los que me gustan, con higo cristalizado y jarabe encima; del que me gusta comer con leche en las mañanas antes de salir para el trabajo. Y es extraño, muy extraño, porque he revisado la bolsa y tan sólo encontré una barra, dos bísquets de los que te encantan y unas migas. Ahora te veo lavando los trastos de la cena, muy contenta y no me atrevo a preguntar dónde quedó el biscocho que vi en la charola.