martes, 22 de septiembre de 2015

ESPERA

Está esperando.

Siempre dice que ya fue suficiente. 
Le escuchas y llora, implora al altísimo que ya termine su sufrimiento.
Y si le ves con calma quizá podrías unirte a su plegaria, por sus movimientos cansinos, por la vista dañada, porque sus piernas son tan delgadas y sus rodillas débiles apenas pueden soportarle.
La vida pasó pronto, los hijos fueron muchos, el trabajo pesado, las fuerzas mermaron; la pena mayor fue la muerte prematura de un fruto de su vientre. Las ilusiones fueron más grandes que el amor y no tiene compañía, hace mucho que no tiene una pareja. 
Y espera.
Ha salido a tomar el sol y a su lado empieza de pronto un alboroto a romper el silencio de recuerdos que encierra; el bullicio de voces de infantes se hace cada vez más fuerte y las risas, las carreras, las carcajadas ahora le hacen abrir un poco más los ojos y las arrugas en su rostro se acomodan para mostrar una sonrisa ante la vida que le guiña un ojo a través de su sangre ruidosa, nueva.
Ahora alguien se acerca y le ofrece un dulce que rechaza, pero pide que le dejen cerca. Cuando nadie le ve lo toma, solo un pedacito, y lo prueba. El resto lo devora.
La buena muerte no llega, no es su tiempo, aún no recibe el encargo de parar por aquí y poner fin a la espera. Y me han contado que algo de vida no ha matado a nadie. 


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